02 septiembre 2009

(((1 de Septiembre: Día Del Dactiloscopo Argentino)))



A un siglo del nacimiento de Juan Vucetich
por GUSTAVO GERMAN GONZÁLEZ

El creador del sistema dactiloscópico, de quien acaba de cumplirse el centenario del nacimiento, ingresó en la Policía como "vigilante sin chapa", con 36 pesos de sueldo. Su colaborador y amigo, Nicolás Cortiglia, nos relata pintorescos momentos de la vida del sabio.

Revista Mundo Argentino, Septiembre 1958

A acaba de cumplirse el centenario del nacimiento del sabio Juan Vucetich y los 67 años de que el sistema dactiloscópico de su creación fué implantado en la provincia de Buenos Aires, para ser, al poco tiempo, utilizado por todas las policías del mundo, en razón de su infalibilidad y sencillez. Sustituyó el sistema Vucetich el de identificación Bertiller, que se había empleado hasta entonces, ineficaz y vejatorio, ya que el hombre era sometido a una serie de mediciones que al final fracasaban en la mayoría de los casos.

Argentino por adopción
Vucetich nació el 20 de julio de 1858 en Lesina, en la vieja Dalmacia, dedicándose, como sus padres, a trabajar como tonelero. Muy joven emigró a la Argentina, y en 1888 ingresó como aspirante en el departamento de policía de La Plata, con un sueldo mensual de treinta pesos. Adoptó desde entonces la nacionalidad argentina y supo conquistar el aprecio de sus superiores, que advirtieron pronto que se hallaban frente a un hombre dotado de gran inteligencia. Tres años después, desempeñándose como auxiliar de estadística, estaba encargado de la identificación de presos por el sistema Bartillón, cuando, en silencio, se dedicó a trabajar en su obra cumbre que dio gloria a su nombre, pero no le proporcionó fortuna. En efecto, seguía pobre cuando falleció, ya anciano, en la ciudad de Dolores, trozo de pampa que amó con el cariño de un nativo.

Su gran colaborador
Vucetich tuvo en su patriótica empresa un gran colaborador don Nicolás M. Cortiglia, quien lo secundó durante muchos años en sus investigaciones y trabajos. Fueron compañeros en la policía provincial y luego en el ejército. El señor Cortiglia, que está próximo a cumplir los ochenta años, se jubiló hace veinte, pero no abandonó sus estudios sobre la especialidad. Es actualmente director del Instituto Dactiloscópico Argentino y dirige la Revista de Identificación Humana; socio honorario del Colegio de Dactiloscopos de la Argentina y miembro del tribunal arbitral del mismo. Es autor del libro "Reminiscencias Dactiloscópicas" y presidente de la sociedad de fomento vecinal Alférez Eduardo Gaona. Lo hemos visitado en su departamento de la calle Pujol, donde lo encontramos en plena labor, junto al subdirector del mencionado Instituto, señor Ireneo Ríos.
Pese a sus años se muestra juvenil, conversa en forma amena, sin olvidar detalles de hechos ocurridos en el siglo pasado, y hasta nos hace oír una composición musical en el piano.

El viejo maestro
—Cuando lo conocí —nos dice— era un joven todavía. De tez trigueña, buen mozo; el arte de su predilección era la música y había compuesto algunas páginas, entre ella un "Ave María". Llegó al país cuando sólo contaba 24 años, y había ingresado en Obras Sanitarias, donde no tardó en llegar a capataz. Vigilaba diversos trabajos y recorría la ciudad montado a caballo. Seis años después ingresó en la policía de la provincia de Buenos Aires como agente sin chapa. Dos años más tarde, su jefe le entregó un ejemplar de una revista extranjera, que contenía una síntesis de investigaciones realizadas en Europa sobre el valor de las impresiones digitales. Este fué el punto de partida del movimiento científico de identificación de las personas por el sistema dactiloscópico, hoy en uso en todo el mundo.

Su triunfo
Vucetich, en agosto de 1891, redactó las instrucciones para la aplicación del sistema, con explicaciones para tomar las impresiones digitales, procedimiento al que llamó "icnofalangometría". Confeccionó la ficha decadactilar y los aparatos para obtener ésta: rodillo, planchuela y madero acanalado.

Primeras experiencias
Aunque el jefe de policía, capitán de navío Nunes, lo apoyaba, no todos tomaron en serio sus experiencias. Las primeras impresiones las tomó a 23 procesados y se le autorizó luego para identificar a los 645 penados de la cárcel de La Plata. Comprobó así que había siete reincidentes, y recién entonces se difundió por el mundo el axioma de las impresiones digitales como base de la identificación del individuo. Para llegar a esto tuvo que luchar con la incomprensión y la ignorancia, afirma el señor Cortiglia.

Aclaran un crimen
Su primera victoria contra el mal la alcanzó Vucetich al aclarar un asesinato. Una mujer había asesinado a sus hijos y culpaba del crimen a un vecino. Todo parecía condenar a este hombre. Pero un policía admirador de Vucetich lo llamó. En una de las puertas se hallaron cuatro manchas de sangre. Se tomaron las impresiones digitales del acusado y de su acusadora, y se comprobó que las manchas sangrientas correspondían a la mujer. Apremiada entonces ante esa evidencia, confesó, y se salvó un inocente.

Su vida privada
—El sabio —nos dice el señor Cortiglia— era un hombre de hogar. Joven aún contrajo enlace con una muchacha de apellido Daneri. Pero ésta falleció pocos años más tarde. Luego se casó con una hermana del que fué comisario de órdenes de la Policía de la Capital, César Etcheverry, y viudo una vez más, ya maduro, se casó con una señorita de apellido Flores, que lo acompañó hasta sus últimos momentos.

Enrolamiento general
El sistema Vucetich no tardó en ser adoptado por la policía de la Capital y de las demás provincias, y años más tarde por todos los países de Europa y América. En julio de 1911, el Congreso sancionó la ley de enrolamiento general, a la que incorporó el sistema dactiloscópico argentino Vucetich. El gobierno nacional, cuya primera magistratura ocupaba el doctor Roque Sáenz Peña, por el departamento de Guerra, a cargo del general Gregorio Vélez, creó el órgano encargado de controlar la identificación de los ciudadanos. Por el mismo fuimos designados —nos dice Cortiglia— Vucetich como jefe y yo como segundo jefe. Pocos después salimos con rumbos distintos para recorrer los distritos militares a los efectos del mejor cumplimiento de las disposiciones relacionadas con la dactiloscopia. Vucetich salió de viaje en diciembre de 1912, y quedó al frente de la dependencia el señor Cortiglia.
Recuerda nuestro reporteado cómo tomó las impresiones digitales a Sáenz Peña el 7 de abril de 1912 y también al general Justo, entonces ministro de Guerra, en 1927. Horas después le pintaba los dedos al presidente Alvear.
En junio de 1932, el general Justo designó a Cortiglia para dirigir el Registro del Personal Civil de la Nación, cargo en el que se jubiló.

Amigo de los presos
Cortiglia, al referirse a su maestro y amigo, recuerda que siempre era atento con los presos. Fué precisamente porque le parecía denigrante que para identificarlos les midieran la cabeza, que se empeñó en perfeccionar el sistema dactiloscópico.
Recuerda que, una mañana, en 1902, recorrían la cárcel de Sierra Chica Vucetich y él, cuando observaron a un penado que al acercarse el sabio se quitó la gorra y lo saludó con respeto.
—Ese hombre —me dijo Vucetich— lleva años aquí. En 1893 le pinté los dedos. Ahora está más grueso, se ve que es de los que consideran que en la cárcel el hombre debe cuidarse —agregó el sabio, que en aquel entonces tuvo que aceptar del penado el obsequio de un par de medias de lana que, según le dijo, había tejido expresamente para que se las llevara a su hija.

Un segundo triunfo
—Ya les conté cómo Vucetich salvó a un inocente cuando lo acusaban de un crimen alevoso ocurrido en Necochea —dice don Nicolás—. Su sistema sirvió para condenar a otro criminal en diciembre de 1896. En un comercio de La Plata fué asesinado el dueño del mismo, Abdón Rivas. Vucetich fué comisionado por el juez doctor Acevedo para realizar una inspección ocular en el lugar del hecho. Halló fragmentos de uñas y la impresión de un dedo ensangrentado en el mostrador. Así se llegó a la comprobación de que el asesino era un parroquiano llamado Audifacio González, quien, ante las pruebas acumuladas contra él, confesó.

Vucetich en la China
Cuando se jubiló, Vucetich destinó todos sus ahorros y el dinero que recibió en esa ocasión para realizar un viaje por el mundo difundiendo su sistema.
—Recuerdo —dice nuestro entrevistado— cómo relataba su permanencia en Pekín. Allí no existía servicio alguno de identificación. El ministro de Justicia, doctor Hoii, puso a disposición de Vucetich al procurador de la Corte, doctor Tchan Kian Lin, distinguido poligloto, quien, secundado por el creador del nuevo sistema lo implantó en su país. El 7 de abril de 1913, Vucetich daba su primera lección de dactiloscopia a los chinos.

Su última carta
Sin poder contener su emoción, el señor Cortiglia nos muestra una vieja carta:
—Es —nos dice— la última que recibí de mi maestro. Dice así: "Dolores, noviembre 6 de 1924. Sr. Nicolás Cortiglia. Estimado amigo. Recibí complacido el volumen de la "Revista Militar", que contiene un trabajo suyo titulado "La Dactiloscopia Argentina". Lo leí con el más vivo interés y no dudo que los sucesivos no desmerecerán.
Que continúe progresando son los votos de su aftmo. amigo. — J. Vucetich. — P. D. Yo, de salud, regular."
—Poco tiempo después —agrega—, el 25 de enero de 1925, Vucetich pasaba a la inmortalidad.

Mucha resistencia
Tanto entre las personas honorables como en los delincuentes, era muy frecuente la resistencia a dejarse tomar las impresiones digitales. Recuerda el señor Cortiglia el caso de un ladrón, Manuel Martínez, a quien no lograban fotografiar ni pintarle los dedos.
Comisionado Cortiglia, conversó largo rato con el acusado, y como éste tenía una mano vendada, por una herida, con el pretexto de curársela consiguió sacarle la venda y observar por breves instantes sus dedos. Vio que sus impresiones correspondían a la fórmula V 4444, y tras de confrontar luego, de memoria, 80 fichas, halló la correspondiente a ese preso. Había sido prontuariado antes con los nombres de Victorio Voante y Ángel Altune, comprobando que tenía un pedido de captura. Con tal motivo, Cortiglia fué objeto de una recomendación en la Orden del día.
—Han pasado muchos años— termina diciendo el señor Cortiglia—. Casi todos los amigos de esa época pasaron a mejor vida; pero la obra de Vucetich no será olvidada jamás.

C.S.I. en Argentina, 1892



El 30 de junio de 1892, dos niñitos fueron encontrados asesinados en sus camas en la pequeña ciudad bonaerense de Necochea. El dolor imposible de su madre, una mujer pobre llamada Francisca Rojas, despertó de inmediato la piedad de las autoridades y de toda la sociedad pueblerina.



Los días pasaban, y la investigación no daba resultados. La madre acusaba a un vecino, Ramón Velázquez, pero éste, a pesar de haber sido torturado por la policía, se negaba a confesar. El misterio acosaba al detective a cargo del caso, Eduardo Alvarez.



Mientras repasaba la escena del crimen, Alvarez notó un par de huellas digitales impresas en sangre y no dudó que debía pertenecer al verdadero asesino. Entonces llevó al acusado Velázquez y a la señora Rojas a la capital de la provincia, La Plata, donde el jefe de Policía Nunes había instalado desde hacía muy poco una Oficina Antropométrica. Allí trabajaba el inmigrante croata Juan Vucetich, encargado del área de Estadística.



Vucetich había montado un laboratorio y allí les tomó las huellas digitales a ambos, el sospechoso y la acusadora. Dos huellas sangrientas en una madera acabaron por probar lo que nadie se atrevía a afirmar: Francisca Rojas había asesinado a sus propios hijos. Acorralada, la madre no tuvo más remedio que confesar su horrible crimen.



Así se produjo la primera sentencia mundial de culpabilidad basada en evidencia obtenida por una huella digital, en el nuevísimo laboratorio de identificación forense de Juan Vucetich, cuyos primeros estudios sobre el tema aparecieron ese mismo año.



Entusiasta y autodidacta, el joven croata hizo una contribución excepcional a la lucha contra el crimen. El sistema de identificación digital ideado por él, único en el mundo, proveyó de una herramienta burocrática y clasificatoria que permitiría a la sociedad convulsionada de aquel fin de siglo defenderse de sus amenazas e identificar a la sociedad a una escala masiva nunca antes vista.







CASO: 'FRANCISCA ROJAS' - 1º Caso Policial Penal, resuelto con el 'SISTEMA DACTILOSCOPICO ARGENTINO', en tan solo quince (15) días,
Allá por el Año 1.892:


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Francisca Rojas: la primera persona

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fue impulsado desde La Plata por Juan Vucetich. Desde aquella época ... Francisca Rojas, Ramón. Velázquez. Guillermo Nunes. El caso se resolvió ...

JUAN VUCETICH

Un verdadero humanista
por Atilio Milanta

Uno de los perfiles más conocidos, por no decir el único, de la multifacética personalidad del sabio, sin duda, es aquel que exhibe la imagen de un hombre serio frente a una lupa e impresiones digitales en estudio. En realidad, es lo que ha trascendido en todas partes. Por eso es que, si se dijera que Vucetich fue, además de dactiloscopista, un humanista de prestigio, un benefactor, un músico, un mutualista, un disertante y un escritor, entre otras inquietudes y actividades de consideración, incluyendo la de protagonizar en los espacios de la alta cultura, no pocos quedarían sorprendidos al desconocerse, o no saber lo suficiente, de esas aptitudes espirituales, intelectuales y filosóficas del maestro. En efecto, variados textos de Sislán Rodríguez, Antonio Herrero, Reyna Almandos, Adolfo Korn Villafañe y Giménez Perret, entre otros, dan cuenta de tales otras acendradas dedicaciones de Vucetich, las que, por cierto, nunca enervaron las del dactiloscopista. Ni viceversa.

Alfredo Palacios que lo conoció lo suficiente, a su turno, destacó esta relevante personalidad en ocasión de celebrarse el sexagésimo aniversario de la fundación de La Plata, inaugurando en el paseo del bosque platense el conocido monumento llamado Hemiciclo, compuesto de los hermes que honraron a la ciudad (Almafuerte, Ameghino, Korn, Spegazzini y Vucetich). Ninguno nació aquí, todos descansan en la necrópolis platense, y salvo Vucetich (que murió en Dolores), todos fallecieron en La Plata. Como se sabe, en 1941, al cumplirse la media centuria de la instalación del sistema identificatorio de Policía, mediante las impresiones digitales por Vucetich, sus restos mortales fueron traídos a la necrópolis local y depositados en el panteón de la Sociedad de Socorros Mutuos de la Policía que él mismo fundó el 29 de septiembre de 1894 y de la que fue su primer presidente (entidad que funciona en 59 Nº 584). Ya el célebre discurso de Bolívar en el congreso de la Angostura (el 11 de febrero de 1819) daba cuenta del concepto de seguridad social, tema que luego fue precisado como esa actividad primordial del Estado, aunque no exclusiva, tendiente a la satisfacción de todas las necesidades del hombre provenientes de riesgos, infortunios y contingencias, mediante prestaciones adecuadas, sobre las que dieron respuestas la previsión social, la asistencia social, las casas pías, entidades de beneficencia, ayudas, socorros y las mutualidades, entre otras variadas asociaciones, como dicha sociedad de Policía. Ya sabía Vucetich de todo ello, así como del infaltable principio de solidaridad que le da sustento a la seguridad social (o sea, ese sentimiento del hombre que le impele prestarse ayuda mutua).

Ese mutualista y benefactor manifestóse cotidianamente con su vocación de ayuda y de servicio. Así fue que puso en marcha, en 1905, la aparentemente inefable "gota de leche" traducida en la entrega gratis de un vaso de leche y galletas a los hijos de los agentes de policía de escasos recursos. Cuando un núcleo de esclarecidos universitarios se propuso fundar una institución que abordara el integral estudio de los grandes problemas sociales, dice Korn Villafañe, Vucetich se alistó al contingente y fue cofundador de la hoy Universidad Museo Social Argentino el 23 de mayo de 1911 (funciona en Corrientes 1723 de la ciudad de Buenos Aires).

Hijo de Víctor (ocupación tonelero) y de María Kovasevich, el sabio nació el 20 de julio de 1858 en Croacia (Lesina, población de Dalmacia, archipiélago en el Adriático, entonces bajo el dominio del imperio austrohúngaro). Se educó en un convento, y al egresar, plantó dos pinos los que, a su regreso en el viaje de 1913 por el mundo, parecieron como "dos cantinelas viejos, guardando la puerta del sultán" (según Octavio R. Amadeo). Y dirigiendo por entonces, en su juventud, algunas orquestas musicales de afición, otra dimensión de este espíritu con vocación general hacia la "alta cultura", no exclusiva de la filosofía (pues, muchas veces visitaba al viejo Korn, a quien lo tenía como su maestro de metafísica), sino de las regiones superconceptuales, casi místicas, de la música clásica contemporánea (Korn Villafañe), siendo uno de los más sutiles críticos y auditores que hubo luego en el país. Además compuso, ya en Argentina, varias avemarías, valses, mazurkas y antífonas, "Estasi d'amore", "Ayes de un alma", "Río del Danubio", "Hortus conclusus", etc. En los actos oficiales de la Fundación Juan Vucetich, el quinteto de vientos de la Agrupación Sinfónica de la Policía, habitualmente ejecutó la mazurka "Ayes de un alma", cuya partitura fotocopia del original fue llevada a dicha Agrupación. Y además, Vucetich refundó la Banda de Música de la Policía en 1900, haciendo designar director de la misma al maestro Pedro Ruta (padre de Mons. Juan Carlos Ruta).

En la vida de este grande, otra vida comienza el 24 de febrero de 1884 en que pisa tierra argentina arribando a Buenos Aires, junto con su hermano menor Martín (luego padre de Danilo que presidió la Universidad Nacional de La Plata en 1958/1961, dejando para el recuerdo el de una buena gestión) y demás compañeros (tales como Brazanovich, Dulch, Vulgerich e Ivanissevich, luego padre del famoso cirujano Oscar nacido en Buenos Aires el 5 de agosto de 1895). Su primera ocupación en la Capital fue en Obras Sanitarias; pero, el 15 de noviembre de 1888, durante la jefatura de Carlos J. Costa, ingresa al Departamento Central de Policía en La Plata como agente meritorio, sin chapa, en la Oficina de Contaduría y Mayoría, a las órdenes de Ernesto M. Boero, en donde, quizá, ya comenzaban a ponerse de manifiesto en Vucetich algunas aptitudes en el manejo de los llamados objetos ideales (especialmente, las matemáticas), los que luego serían los sólidos sostenes del sistema dactiloscópico (en efecto, harían afirmar nada menos que a Reyna Almandos, entre otros conceptos científicos y técnicos, que el aludido sistema puede ser calificado como "la expresión perfecta de la identidad", en todos sus aspectos, "puesto que es el método infalible y matemático de comprobarla" y porque, además, "todos los elementos esenciales se reúnen científica y orgánicamente"). No en balde se lo llamó "sistema", sobre todo si se tiene en cuenta que por tal se entiende el conjunto de reglas o principios sobre una materia enlazados entre sí. Recuérdese que habría comenzado con su primaria fórmula de 1.048.576 clasificaciones diferentes, sin olvidar que luego, en 1899, inventó el dactilónomo (que se conserva en el Museo), instrumento que permite la demostración gráfica de todas las posibles combinaciones sobre la base de los cuatro tipos del sistema dactiloscópico.

El 1º de mayo del siguiente año es designado auxiliar en la Oficina de Estadística (nueva oportunidad de vérselas con las matemáticas), organismo del cual dependía la oficina de identificación (por entonces con el sistema antropométrico: talla, longitudes varias de oreja derecha, pie izquierdo, brazos, altura de busto, amén de otras señales corpóreas visibles, tez, ojos, etc.). Y el 26 de septiembre fue promovido al cargo de jefe con el rango o jerarquía de comisario (el que detentó honrosamente hasta su retiro en 1912). Esa autoridad de honra y de prestigio, sin duda, no la ignoraba Vucetich que venía de la voz "auctoritas", lo que en Roma significaba el "ejemplo eminente", de lo que Vucetich dio prueba cabal en su desempeño exitoso y ético. Cuando se carece de tales atributos, la "auctoritas" deja de ser tal para trocarse en "autoritarismo".

La vida terrenal de Vucetich, comprensiva de los 66 años (20/07/1858-25/01/1925), se puede dividir exactamente en los dos períodos de 33 años cada uno, pues el año 1891 se instituye en lo que quizá la historiografía o la ciencia de la historia cataloga como lo de "tiempo-eje" o "año bisagra" o "principio de una nueva era" (Mayón, Herrero, Carr, Fustel), año en que la biocronología de Vucetich destaca con puntualidad y precisión lo siguiente. A mediado de dicho año visita al jefe de policía capitán de navío Guillermo J. Nunes (1857-1928) el legislador, periodista, político e ingeniero Francisco Seguí (1855-1935) y deja olvidado en su despacho el único ejemplar de la famosa "Revue Scientifique" (ejemplar 18, T. 47 del 2 de mayo de 1891) en la que se publicaba un trabajo titulado "Les empreintes digitales d'apres M. F. Galton" del médico y matemático Henry Croisnier de Varigny (n. 1855), comentando la disertación de Francis Galton (1822-1911, primo de Charles Darwin) pronunciada en la Royal Society de Londres (27/11/1890), quien enunciaría las tres leyes de la dactiloscopia (perennidad, inmutabilidad y diversidad infinita), aunque no llegó a edificar un sistema al modo en que concluyentemente luego lo hiciera Vucetich. Nunes advirtió la importancia del tema y convocó al joven Vucetich a su oficina y, entregándole el ejemplar de la citada revista, le sugirió que estudiara la posibilidad de incorporar, junto al sistema antromométrico, el de la identificación mediante los dibujos dactilares. Y el mencionado año "bisagra" culminó exactamente el 1º de septiembre de 1891 en que el comisario Vucetich inaugura la oficina de Identificación con los dos sistemas. El ejemplar de la citada revista se conserva en el Museo Vucetich.

Hasta entonces el sabio poco o nada sabía del tema, pero a su tiempo reconoció que, "penetrado de la trascendental importancia que revestían dichas investigaciones" (las de Galton, así como las de otros predecesores que él mismo cita, como las de Purkinje, Ranke, Lacassagne, Lombroso, Alix, Feré, Testut, Stern y Kollman, entre otros), trabajó empeñosamente sobre el tema, comenzando por verificar la verdad de las leyes de Galton, logrando luego edificar un sistema que llamó "icnofalangométrico", y luego, a instancias de Francisco Latzina, con la designación de "dactiloscópico" (en un primer paso con 101 tipos, y en uno final y conclusivo, de los siguientes 4: arco, presilla interna, presilla externa y verticilo). Vucetich afirma por entonces, con alto sentido reflexivo y trascendente, que "no es la ciencia quien ha querido que la identificación tenga un solo medio y logre una sola eficacia, es la naturaleza"; y además, que "todo es mudable en la vida, menos el esquema digital; todo es reproducible en los congéneres, menos el dibujo papilar. He ahí a la naturaleza".

Al siguiente año sucedió el tristemente célebre "Caso Francisca Rojas" (el doble filicidio de los menores de 4 y 6 años degollados mientras dormían, el 29 de junio de 1892, en Necochea, Buenos Aires), lo que dio ocasión de producirse el bautismo de fuego con la participación del Crio. Insp. Eduardo M. Alvarez quien, examinando huellas, etc., con evidente aptitud de policía científica, esclareció rápida y definitivamente el hecho.

Y las grandes condiciones de escritor y convincente disertante las puso de manifiesto, de modo categórico, con la publicación de varias obras ("Instrucciones generales para el sistema de filiación Provincia de Buenos Aires", en 1893, declarado texto oficial en 1895, y su "Dactiloscopia comparada", en 1904, reeditada en 1951, entre otras publicaciones importantes en revistas, etc.) y respecto a su disertación, vale completar expresando que en 1912 se retira de policía y emprende un viaje por distintas ciudades de Alemania, Austria, Bélgica, China, España, EE.UU., Francia, India, Italia, Japón, Portugal y Suiza, entre otras, confirmatoria de su merecida fama y de que este hombre sea justicieramente evocado, a punto tal que, además, calles, plazas, escuelas, institutos y la Fundación llevan su nombre. En esta prieta síntesis de la vida y obra vucetichianas, porque es lo menos que hoy, en el 122º aniversario de este matutino platense, puedo exponer de este hombre que honró a La Plata, que se erige en el ejemplo ético de la policía y que logró hacer trascender científicamente a la Argentina en el ámbito internacional con un sistema identificatorio que no pocos, justicieramente, piensan que viene de los viejos tiempos preparatorios de la Biblia (Job, 37, 7: El Señor ha puesto como un sello en las manos de todos los hombres, a fin de que conozcan todos que sus obras penden de lo Alto).

Fuentes: Diario 'EL DIA'; Diario 'HOY'.


(((29 de Agosto: Día Del 'ADVOCATUS')))



29 DE AGOSTO DÍA DEL ABOGADO
Sería presuntuoso decir que “siempre hubo abogados...”
En realidad, la profesión del abogado, tal como la conocemos, es bastante nueva; aunque tiene antecedentes que permiten suponer su existencia desde épocas muy remotas.
En civilizaciones primitivas, especialmente en Grecia y Roma, la gente con problemas recurría a personas reconocidas por el pueblo como sabios, para que los aconsejen y representen hablando en nombre de ellos. Estos sabios, precursores de la profesión, eran expertos en oratoria forense.
Se destacaron en esta tarea jurídica los célebres Pericles, Sócrates y Demóstenes en Grecia. En Roma el más famoso fue Marcos Tulio Cicerón.
En la Edad Media ya existían legislaciones que obligaban a las personas a concurrir a los Tribunales, acompañadas de personas expertas para que las defiendan y aboguen por ellas, facilitándose de esta forma la acción de la Justicia.
En épocas modernas, las distintas legislaciones fueron reglamentando la labor profesional, que fue haciendose cada vez mas compleja y expuso a los abogados a las críticas injustas de las comunidades en las que interactúan,.
En nuestro país, en el año 1958, la Federación Argentina del Colegio de Abogados, instauró la fecha de 29 de agosto como el "Día del Abogado" en homenaje al nacimiento de Juan Bautista Alberdi ocurrido el 29 de Agosto de 1810, que además de abogado ilustre, es el padre de la Constitución Argentina y autor del libro “Bases y puntos de partida para la organización de la Nación Argentina”
A pesar de ser una profesión de sabios y de poseer antecedentes de elite, la realidad es que el trabajo profesional es cada vez mas duro, las relaciones con los clientes se tornan mas ingratas y las compensaciones son cada día menores.
La situación es incómoda: cuando el juicio se gana, el cliente se asigna un rol fundamental en el resultado, incluso por encima de su letrado; si se pierde, la culpa es del profesional.
La jerarquización del trabajo profesional está puesta sobre el tapete en la comunidad y es deber de los abogados defenderla y colocarla en su nivel histórico.
La profesión de abogado tiene ventajas bastante considerables para atraer personas con talento, patriotismo y espíritu de lucha; herramientas indispensables para cambiar la situación y dotar de jerarquía a una profesión íntegra y honorable.
Se trata de un desafío histórico; un desafío de ley…

(((Es mi deseo que pasen un excelente Día, junto a familiares, amigos, colegas y que siempre tengan muchas bendiciones de trabajo, salud y prosperidad))): Son mis deseos, atentamente: Mario L. LÓPEZ